¿Qué te llevó a empezar a expresarte a través del arte?
Desde joven el arte ha estado muy cerca de mí, siempre he estado dibujando. Pero cuando empecé a estudiar también me di cuenta de que hay muchas incongruencias, muchas cosas irónicas que existen en la realidad. Entonces entendí que las palabras no bastaban. Quería meter todas esas cosas irracionales e ilógicas en el papel, en un dibujo, para poder expresar con más claridad esas ideas.
¿Cómo describirías quién eres a través de lo que haces?
Eso es difícil. Creo que me describiría como alguien espontáneo, cómico, a veces incluso sin querer, e irracional hasta cierto punto. Pero, bueno, como decía antes: nadie es completamente racional. Nadie entiende la realidad del mundo al cien por cien. ¿Por qué debería hacerlo yo?
¿Cómo te hace sentir crear en el espacio urbano?
Se me hace una de las cosas más divertidas que hay. Me entretiene mucho. También me hace recordar lo que era ser niño y, al mismo tiempo, sentir que soy parte de la ciudad, parte de la calle. Todos los días estamos rodeados de publicidad, carteles y flyers que nadie pidió. Y yo pienso: si vivo en esta ciudad, ¿por qué la calle no puede representar también a la gente que vive aquí, a gente como yo?
¿Qué cosas del entorno, la calle o lo social suelen inspirarte para crear?
Muchas cosas del día a día. Ir al supermercado, por ejemplo, puede inspirarme mucho. Caminar por la calle y ver que pasan cosas muy raras. Ahora, por ejemplo, con la camiseta de Beneno: los correfocs con los dimonis. No es algo que veas todos los días, pero pasa en las calles. Los demonios, que en teoría deberían dar miedo, aquí son divertidos, te persiguen y juegan contigo.
Sobre tu obra, ¿qué hay detrás de la pieza que presentas?
Es una combinación de ironía, un choque de ideas. Por un lado tienes a los demonios, que se supone que traen malos augurios y deberían ser terroríficos. Por otro lado están los dimonis del correfoc, que son divertidos, te persiguen y juegan contigo. La pieza nace de esa idea: de cómo nos estamos robando la noche, de cómo nos estamos divirtiendo. No es algo que dé miedo, al contrario. La ciudad está viva. Y la vivimos robando estrellas y lunas.
Tu relación con Barcelona. ¿Cómo influye la ciudad en tu trabajo?
Muchísimo. Barcelona es una ciudad en la que no solo vivo, también la disfruto. Me ha hecho una persona mucho más creativa. Aquí he conocido a muchos artistas y a personas que ahora considero amigos, que me han abierto puertas. El paste up y el arte urbano que se vive aquí —que corre por las venas de la ciudad— me han influido muchísimo. Ha cambiado mi forma de dibujar, de diseñar y también me ha dado más confianza en mí mismo.
¿Qué te gustaría que las personas sientan o piensen cuando se encuentren con tu obra en la calle?
Que la calle es de todos. Si yo puedo pegar algo o dibujar algo, ellos también pueden hacerlo. Me gusta entretenerme con ideas y situaciones urbanas, y me gustaría que los demás también lo hicieran. Que puedan reírse un poco de la realidad. A veces no nos permitimos ser felices por todo lo que está pasando a nuestro alrededor.
¿Qué significa para ti colaborar con Beneno?
Beneno es, honestamente, un espacio para la gente local. Un lugar donde se puede enseñar lo que realmente es Barcelona, no solo la camiseta del Barça o las cosas que venden en los chiringuitos. Lo que realmente hace que te enamores de la ciudad son las personas. Y Beneno representa a las personas. Eso está muy chido.